Emily Willis, una reina del porno contemporáneo, que ha hecho temblar más de un colchón y ha ganado premios AVN como si fueran cromos, sigue en la pelea más dura de su vida. En 2024, la pobre Emily acabó ingresada en Summit Malibu con una adicción al ketamina que le jugó una mala pasada. Tanto, que se quedó sin oxígeno el tiempo suficiente como para que los médicos dijeran aquello de daño cerebral irreversible.

Ahora, su madre, Yesenia Cooper, ha dado la novedad: “Emily sigue sin hablar, pero se comunica con la mirada y moviendo la cabeza.” ¿Entiende lo que pasa? Alrededor de un 80 %. Y aunque todavía está aprendiendo a caminar de nuevo y necesita ayuda para comer, ha logrado dos victorias enormes, duerme sola y vuelve a ver películas y series. Eso es un progreso, puesto que nos temíamos lo peor.

La familia, además, ha conseguido una indemnización de 3 millones de dólares por la negligencia del centro. Y ahora planean llevarla a España para probar tratamientos experimentales que estimulen su habla y su movilidad. Porque si hay algo que Emily siempre ha tenido, es capacidad para moverse bien, aunque ahora toque reaprenderlo todo desde cero.

Así que, entre terapias en México y posibles viajes a la madre patria, Emily Willis demuestra que su lucha no ha terminado. Y aunque el porno la echa de menos —y vaya si la echa—, lo importante ahora es que esta guerrera siga adelante. Que su sonrisa y sus ojos vuelvan a brillar con fuerza. No ponemos contenido equis de ella porque antes queremos verla recuperada.






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