Criada entre Nueva York y Kansas, Anya Olsen pasó de una infancia muy apacible a descubrir que la vida tenía bastante más contrariedades de lo que le habían contado. Antes del porno estuvo currando de camarera y también probó suerte en el sector inmobiliario. Y fue precisamente detrás de la barra donde aparecieron Ashley Fires y el director Jack Kona con una propuesta bastante más interesante que cualquier contrato de alquiler. Esto es, probar suerte delante de una cámara. Anya aceptó, hizo su primera escena y aquello le sentó como un guante. Ella misma reconoció que se sintió cómoda rápidamente y que encontró en las cámaras una forma de expresarse. En 2017 llegaron las nominaciones a XBIZ y AVN como Mejor Nueva Estrella, además de un premio de SpankBank. Nada mal para alguien que había llegado al negocio casi de rebote. Pero donde realmente se puso seria la cosa fue con Greg Lansky y Tushy. Anya protagonizó allí algunos de los trabajos más importantes de su carrera y acabó firmando un contrato exclusivo de un año para sus producciones de temática anal. Sus apariciones han disminuido de manera considerable en los últimos tiempos, pero aún se atreve a que la perforen doblemente como en esta escena distribuida por Spizoo.
La inesperada ascensión de Anya Olsen
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