Citando un comentario de Pierre Woodman en el foro de su pagina web, en los Estados Unidos su Dios es el dólar. Por eso una de las características es la hipocresía, donde a sus virtudes publicas se unen sus vicios privados. Desde Europa no dejan de sorprendernos esos telepredicadores multimillonarios por los donativos de sus incautos seguidores, viendo como vomitan sus furibundas arengas en contra del sexo, y luego resulta que no solo son puteros, sino propietarios de prostíbulos. Con una estimación aproximada de unos 14 mil millones de dólares anuales que genera la pornografía en su país, es suficiente para comprar a cualquier puritano, que se lo digan a su jefe Donald Trump. Y si hay algo metido a fuego en la mentalidad de los anglosajones, con esa amalgama de represiones, es la clásica figura de la «Lolita».
Cuando Vladímir Nabokov inmortalizó en su novela al personaje, es porque ya era toda una institución en la mente colectiva de la nación. En este año ha irrumpido en la triple equis una jovencita con la mayoría de edad recién cumplida (como si no, ya no estamos en los tiempos de antes que saltaban los escándalos por la falta de rigor al permitir grabar a menores) que llegó hasta aquí con aspecto genuino de timidez y nerviosismo. Carly, que posteriormente se le añadió el apellido Kiss, se presentó en Exploited College Girls con el habla entrecortada y rubor en sus mejillas, desde su tierra natal de Arizona.
Haciendo trío con Liora Vane
El cazador de cornudos






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