Calita Fire pasó de dirigir talleres de arte para chicas en ONGs a montarse su propio show porno cuando el confinamiento le dio el empujón definitivo. No es una cría de 18 años, empezó con 30 y con las ideas muy claras, lo que explica que se lo tome una extensión de su creatividad. Su seña de identidad es el pelo, tanto en su profuso coño como en las axilas, y eso la ha convertido en una rareza muy cotizada en un mundo repleto de depilación láser. En la cama le va lo salvaje, los besos, el sexo oral y la comunicación sin medias tintas, porque nada le calienta más que alguien que sepa recibir cualquier crítica sin ponerse a la defensiva. Su proyecto estrella fue una película que dirigió en su propio estudio de arte, donde mezcló pintura y sexo para romper roles de género, y la llegaron a proyectar en festivales de Berlín o Chile. Ahora mismo está en modo selectiva, solo trabaja con quien le da la gana y mientras el sexo en el set sea de verdad divertido, porque dice que su objetivo es plasmar toda la autenticidad posible en sus escenas. Fuera del set es una tía normal que pinta, va a exposiciones, se toma cafés con hielo y pasea al perro, y cuando la gente se entera de que es actriz porno se queda de piedra porque no encaja en el estereotipo de silicona y tetas operadas. Le gusta romper prejuicios, pero ya no tiene paciencia para dar explicaciones a todo el mundo, así que elige mucho a quién se lo cuenta. En series y cine, le molan Beef y Triangle of Sadness, porque mezclan humor seco con reflexiones serias, igual que ella mezcla el arte con el porno sin complejos y sin pedirle permiso a nadie.
Calita Fire busca la naturalidad y la autenticidad en el porno
Este post ha sido publicado por Nergal. Ahora tú también puedes compartir con la comunidad de Orgasmatrix tus propias noticias, reseñas, o cualquier hallazgo pornográfico que consideres interesante.






Comentarios