Porno mexicano

México, lindo y querido, un país en eterno desarrollo, oficialmente perteneciente al Tercer Mundo pero siempre a punto de cruzar la valla. Resulta extraño que un país al que los vecinos del norte suelen ir a divertirse tenga tan pocas facilidades para la diversión propia, y eso es lo que explica en parte la inexistencia de una industria mexicana del porno propiamente dicha. Y no será porque a los mexicanos no les guste ver vídeos marranos: México está, de hecho, entre los diez países más consumidores del mundo en cuanto a porno en las redes.

Eso sí, el porno mexicano existe porque es un elemento orgánico: los avances en tecnología audiovisual y comunicación han hecho que todos tengamos acceso a cámaras e internet, así que el porno amateur mexicano es el gran santuario donde quien busque sexo filmado entre “compadres” puede hallar todo un océano descontrolado, salvaje y natural de vídeos porno mexicanos e incluso de porno gay mexicano.

Fuera del circuito del porno casero mexicano, el único que ha intentado seriamente sentar las bases de una posible industria futura es el estudio SexMex gestionado por Fernando Deira, que lleva años trabajando muy duro en tareas de caza de talentos y promoción de sus escenas. De momento no parece que lo vaya a tener fácil, pero frutos de su búsqueda como la deliciosa Helena Danae invitan a pensar en México como en una potencia emergente que algún día despertará de su letargo para darnos muchas, muchas alegrías.