Que sí, que el porno del Valle de San Fernando domina la industria, pero la puta ama del cotarro amateur es Sweetie Fox, nacida en 2001 en Ekaterimburgo, Rusia, y le sigue una compatriota suya difícil de igualar en cuanto a feminidad y atractivo, Comatozze. Sweetie Fox era una estudiante sin recursos económicos. No podía pagar el alquiler ni la comida, así que empezó a vender dibujos eróticos por encargo. Llegó a hacer 20 encargos al mes, especializándose en temática bara (hombres musculosos) y dinámicas de pareja con diferencia de tamaño. Con eso se mantuvo a flote y descubrió que el arte erótico pagaba mucho mejor que cualquier trabajo de oficina.
Por supuesto, la chica tiene una genética envidiable, pero se pasa nada y nada menos que 4 horas en el gimnasio cada día y controla su alimentación, puesto que la lotería genética no lo es todo ni mucho menos. Además, se curra sus performances, dado que su formación como diseñadora le permite construir sus propios disfraces desde cero, sin depender de trajes prefabricados. Pero la cosa va más allá, sus seguidores destacan que también pinta cuadros, hace buenos dibujos y también se atreve con la cerámica.
Su marca personal es la transformación. Un día es Velma de Scooby-Doo, al siguiente Black Widow de Marvel, y después Makima, Tifa o 2B. Le encanta cambiar de piel porque no quiere encerrarse en un solo vibe. Sus seguidores deciden a quién ven cada día. A diferencia de otras creadoras, Sweetie ha construido un imperio casi exclusivamente desde la pantalla. Ha participado en contadísimas actividades presenciales. Quienes la han visto en persona (por ejemplo, en la AGA de Taiwán) aseguran que es más impresionante en vivo que en fotos, con una presencia casi de «personaje de anime traído a la realidad». Por otra parte, «Sweetie Fox» no es solo una marca personal, es el nombre de su personaje original; esto es, una chica juguetona con orejas de zorro, que ella misma diseñó. Empezó como un alter ego en sus dibujos y acabó dando nombre a todo un imperio corporativo.







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