Remy LaCroix en busca del tiempo perdido

De Marcel Proust siempre se recuerda lo de la magdalena, aquel trocito de bollería mojado en té que al saborearla el narrador se sentía transportado a una infancia que recordaba sobre todo por sensaciones y colores. A Remy LaCroix debió de pasarle lo mismo en Screaming Ass Gasms al enfrentarse con Ramón Nomar: quizá la polla del hispano-venezolano actuó como ese resorte mnémico, un venoso recordatorio sensorial que pudo hacerle recordar su primera escena, aquel desquiciado gangbang para Kink que lo empezó todo y donde Ramón, entre otros, la empalaron sin piedad.

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