En la Madre Rusia, las ratas atacan a los gatos

Hace pocas semanas fuimos testigos de cómo un hamster ruso plantaba cara un grupo de jóvenes y se ganaba su respeto de única forma que lo hacen los hombres de verdad: con una violencia desmesurada y temible. Lo de hoy es un nuevo ejemplo de que los roedores nacidos y criados entre la cultura ex-soviética tienen las pelotas tan enormes como para acercarse tranquilamente a una manada de gatos callejeros y sembrar el caos con una valentía (o una demencia) fuera de toda duda.

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