Rachel Rampage, la canadiense tatuada que lleva diez años fuera del porno, ha vuelto con 36 tacos, su par de implantes de tamaño considerable y un tatuaje que le cubre toda la pierna y que le llevó tres años completar. Empezó como maquilladora en los sets de rodaje pornográficos, y su novio de entonces la animó a ponerse delante de la cámara. Pero la historia se torció, ya que después dejó el porno por un tío celoso. Un»clásico», dice ella. Y asume su responsabilidad. Pero cuatro años sobria y diez después, está de vuelta y con muchas ganas, o así lo expresa ella. Su nombre artístico se lo pusieron porque «cuando bebía, iba como una apisonadora». Ahora, con la cabeza despejada, se dedica a la dominación profesional, al Pilates, al pole dance, a escupir fuego y a seguir follando como una campeona. De hecho, con Manolito Ferrara saltan chispas.
Rachel Rampage, la dominatrix canadiense vuelve a rugir
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