Qué va primero: ¿acto o preludio?

TODA mujer que busque atraer a su hombre primero tiene que mostrarle una de sus tetas y en primer plano la dureza de sus pezones. Si la prostitución es considerada el oficio más antiguo del mundo, la pornografía la acompaña como el estimulante sexual más antiguo de la humanidad. Plasmada en murales de tinta y piedra, monumentos labrados entre sonidos guturales y gemidos orgásmicos por sus pioneras civilizaciones, representando el ecuador del cuerpo humano como el núcleo mágico religioso que sostiene la reproducción de la especie; la imagen de falos, nalgas, vulvas, testículos y tetas están presente en las culturas milenarias.

Después, con la invención de la escritura, seguramente la pluma de ganso y el papiro fueron testigos mudos de relatos sexuales que insomnes monjes y escribas copiaban manualmente en silencio y distribuían discretamente entre sus superiores, y estos retroalimentaban con crudas escenas reales de bacanales interminables en los sótanos de sus palacios. Donatien Alphonse François (Marqués de Sade) sabe muy bien de qué estoy hablando.

Ya en la primera edad civilizatoria, recién inventada la imprenta, poco después de la impresión de La Biblia (1455) llegaron en tropel obras selladas con indeleble tinta en papel flexible cuyas narraciones de monumentales aventuras sexuales y otros pecados veniales marcaban la importancia de gozar el sexo, como bien recomendaba el Decamerón de Bocaccio, leído en manuscritos desde un siglo atrás.
Y cuando los hermanos Lumiere habían logrado con la invención del cinematógrafo en 1895 que la realidad pudiera verse repetida eternamente, proyectada en haces luminosos sobre toda superficie, dos entusiastas caballeros filmarían al año siguiente un cortometraje titulado “El atardecer de la casada”, relato de la noche de bodas de una pareja. En escasos siete minutos de grabación se filma el acto sexual de la pareja recién casada, y tal acontecimiento quedó registrado en los anales de la cinematografía como la primera escena pornográfica, transformando lo implícito del guion de una obra teatral de la época en exposición explícita del acto sexual. Fuese o no filmada con la intención estimulante de provocar el estallido del placer sexual, esta obra es considerada la primera producción fílmica pornográfica.

Así como la sexualidad es el sostén de la vida y no se anula por más que sea reprimida, así tampoco la pornografía en función coadyuvante del placer puede cercarse con alambradas limitantes. Estatus vital y función coadyuvante se reflejan mutuamente y a veces parece la pornografía devolver a la realidad fragmentos enriquecidos de una realidad que no tiene. Pero no tantos, ni siempre, porque a fin de cuentas la producción pornográfica se materializa involucrando seres tomados de la vida real y cotidiana. Salvo algunas pulgadas de más, la ficción porno puede superar a la porno realidad, y viceversa. Lo comprenderemos en la próxima publicación.

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