Psychedelic Sex: un lustro de erotismo y LSD

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Por 6

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A veces pienso que en Orgasmatrix deberíamos aprovechar este altavoz que tenemos entre los pajeros de bien para reseñar ciertos libritos interesantes que van saliendo y que se publicaron hace años y el tiempo olvidó. ¿Qué os parecería?

Mientras respondéis al sondeo, hoy podemos ver un pequeño extracto de Psychedelic Sex, el libro de fotografías que Taschen acaba de lanzar y que se centra en mostrarnos imaginería erótica sacada de revistas porno de entre 1967 y 1972, toda una espiral de tetas, coños frondosos, largas melena y psicodelia en colores vivos para retratar esa época en la que se predicaba el amor libre y, de paso, se utilizaba también como reclamo comercial.

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Comentarios

  • Kalliope

    Me acaba de dar nostalgia por mis revistas Cementeria

  • me encantan! molan mil :)

  • kilgore

    Me encanta la idea. Y el libro tiene una pinta estupenda (la última foto me hace desear haber vivido los sesenta), pero con el precio de 50 eurazos es como para pensárselo.

    • Nemo

      La de la última foto se parece mucho a Cytherea.

  • Charli1984

    Los hippies, esos niños de papá que se dedican a experimentar los placeres de la vida sin dar un palo al agua y con la seguridad de tener sus necesidades básicas cubiertas gracias al dinero de papá, y que además nos dicen al resto cómo tenemos que vivir (sin tener el riñón cubierto por papi).

    Pocos hippies escapan de este cliché.

    • kilgore

      Me parece que simplificas un poco. El movimiento hippy y el espíritu del 68 con el que se relaciona fue mucho más que una panda de hijos de papa aburridos que jugaban a revolucionarios mientras se tiraban a todo lo que se les ponía por delante y se ponían hasta el culo de droga (bueno, quizás también fue eso). De hecho, la sociedad europea y del Primer Mundo en general, no se entiende sin los cambios sociales y culturales que se produjeron en los años 60 y 70, y nosotros somos hijos de esos cambios. Comentarios como el tuyo, me recuerdan a Sarkozy: hijo de inmigrantes húngaros, divorciado y casado con una cantante y modelo pijo-progre, con sus aires de chulo de discoteca hortera, y hablando al mismo tiempo de la familia, de la importancia de la tradición católica, y de “matar el espíritu del 68”. Precisamente, un tipo al que en tiempos de De Gaulle, no le hubieran dejado entrar en el Eliseo ni para limpiar los baños.