Pristine Edge: antes Jesucristo y después mucho sexo explícito

Pristine Edge es otra prueba viviente de que una educación conservadora no siempre consigue el resultado esperado; más bien todo lo contrario, pero los meapilas y santurrones siguen sin enterarse. Criada en St. Louis en una familia enorme, con una hermana gemela y años de ballet a sus espaldas, aquella supuesta niña buena terminó cambiando el calzado de danza por los focos del porno. Su entrada en el negocio tuvo bastante menos planificación de la que podría parecer. En concreto, primero la webcam, después una propuesta para rodar que rechazó y, finalmente, un “¿por qué no?” que acabó convirtiéndose en una carrera profesional.

Antes ya había probado el striptease y descubierto que eso de tener un público pendiente de ella le ponía bastante más cómoda de lo que cabría esperar. Y aquí viene la paradoja, mientras la gente la conocía por sus películas, Pristine reivindicaba el porno con argumento, especialmente el de los años 80. Sí, la chica que decidió ganarse la vida desnudándose delante de una cámara resulta ser una romántica del viejo porno de personajes, historias y escenas que se cocían a fuego lento. Después llegó la maternidad, un paréntesis profesional y el regreso. Pero volvió con otra mentalidad. Esto es, ser menos marioneta y más jefa, interesada en producir, crear sus propios proyectos e incluso ponerse detrás de la cámara.

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