Yhivi

Lo que más solía decirse de Yhivi es que parecía mentira que se tratase de una actriz porno. Su aspecto, su expresión, su cara destilan inocencia y juventud hasta límites que dejarían en ridículo a las más clásicas teens y pretendidas lolitas de la historia de la industria. Es una auténtica preciosidad con rasgos que no se asemejan a los de una belleza típica del porno, el erotismo o incluso la moda: es algo genuinamente auténtico, morboso, real. Pero hay más: Yhivi completaba sus activos físicos con un cuerpecito minúsculo que encajaba totalmente con esa mirada de no haber roto un plato, pero además rizaba el rizo de la exuberancia con un culo que podría estar entre los más bonitos y bien dotados de su generación.

Los inicios de esta adorabilísima californiana fueron los clásicos: se le ocurrió que podría ganar unos dólares emitiendo por webcam y la respuesta no fue ni mucho menos tan discreta como ella esperaba, y decidió dar el salto al porno con solo 20 años. Era algo que encajaba en su estilo de vida, uno que muchos fans no conocen: Yhivi es una especie de ultraecologista que basa su día a día en la sostenibilidad y el autoabastecimiento. Tiene un dominio considerable de la botánica, toca cuatro instrumentos musicales (el banjo, la guitarra, el acordeón y el violín) y si empezó en el porno fue porque le parecía una actividad que podía hacer fácilmente y que daba mucho dinero para lo poco que le costaba.

Su trayectoria en la industria duró algo más de dos años en los que se convirtió en una de las grandes revelaciones de su hornada, una bestia capaz de realizar sexo anal, doble penetración e incluso algún gangbang de los que no cualquier mujer sería capaz de soportar. Tras trabajar con las productoras más importantes, finalmente Yhivi decidió colgar los tacones en 2016 de la manera más natural y plácida cuando vio que su cuerpo se lo pedía, y usó el dinero que había ahorrado para comprar un pequeño terreno y cosechar su propia comida.