Nadia Ali

Entre 2014 y 2016 se produjo en el porno americano una pequeña eclosión de pornstars de origen árabe. Esto no era nuevo: las pornstars pakistaníes o libanesas nacidas en Estados Unidos o emigradas de muy jóvenes llevan muchos años presentes en la industria yanqui del sexo, pero las tensiones culturales de aquella época llevaron la cuestión a ciertos límites. Mia Khalifa fue la primera en hacerse tan famosa como para recibir amenazas integristas y misóginas desde su Líbano natal, pero muchas vieron en aquellos desagradables incidentes una manera de ganar algo más de fama. Entre aquellas árabes del porno estaba Nadia Ali, una stripper nacida en Pakistán que se inició en el porno en 2015 sin dejar de subrayar un hecho que le otorgó el halo de controversia que buscaba: Nadia es musulmana practicante.

Nadia creció en Nueva Jersey, de hecho era la primera de toda su familia en nacer en territorio americano, y dice que eso siempre marcó un poco su identidad. Durante su juventud se fue alejando de su núcleo familiar al no sentirse cómoda con su visión conservadora, y desde siempre se negó a vestir el hiyab, el famoso pañuelo musulmán que irónicamente unos años después sí aceptaría colocarse durante algunas escenas porno. Antes de eso se mudó a San Francisco, donde abrió un negocio de cuidados para las cejas, pero luego probó suerte ocasionalmente como stripper y aquellos 500 dólares por noche le sedujeron lo suficiente como para entrar también en el mundo de la prostitución de lujo y promocionarse en el porno. No obstante, Nadia nunca renunció a su fe y asegura que entre rodajes y citas sigue rezando dos o tres veces todos los días.

Durante los dos años que trabajó en el porno llegó a rodar veinte escenas, hasta que un día le propusieron una escena en que un tipo disfrazado de Donald Trump se la follaba ataviada como su hiyab y su túnica. Aquello le pareció demasiado decidió no solo rechazar ese trabajo sino también cancelar el resto de rodajes y citas de escort que tenía programadas. Dejó el porno con la idea de volver al negocio de la estética en 2016, pero siempre dijo que tenía algo muy claro respecto a la opresión a la mujer en Oriente Medio: la culpa, decía, no era de la reiligión sino de la cultura patriarcal.