Kylie Quinn

Aparente pequeña y redondita, Kylie llegó al porno en pleno boom de las teens de metro y medio y cuarenta kilos, algo curioso porque a poco que uno se ponga a observarla con más detenimiento es fácil darse cuanta de que su metro sesenta y cinco y su nada escuálido culo la descalifican totalmente del perfil en que suele caer a ojos de los pornófilos. Su talento va más allá de modas y tendencias, aunque en el momento de escribir estas líneas (mediados de 2018) se empieza a adivinar una probable retirada prematura: solo dos escenas publicadas en 2018 apuntan a un desvanecimiento profesional progresivo e inesperado de una starlet muy prometedora.

No está claro si parte de la culpa de su fuga temprana de la industria tiene algo que ver con dos factores: su extrema juventud (debutó recién cumplidos los 19 años) y una elección cuestionable de representante, el polémico Riley Reynolds que aparecía en el documental Hot Girls Wanted reclutando a chicas recién salidas del instituto para su agencia Hussie Models sita en Miami Beach.

En el tiempo que ha estado en activo la hemos visto hacer de teen en casi todas las ocasiones, y aunque no se ha atrevido con el sexo anal (o lo reservaba para hacer el máximo de caja posible en el momento apropiado), sí que se ha aventurado con el interracial y ha coqueteado con el BDSM, pero todo parece indicar que la bella Kylie he encontrado otros caminos que recorrer en la vida y difícilmente seguiremos disfrutando en el porno de su cuerpazo totalmente natural e inmaculado de tatuajes o piercing. Demasiado pura para el porno.

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