Kiki Minaj

Esta guapísima británica nunca ha querido desvelar los motivos por los que decidió hacer porno, pero no suele molestarle señalar que antes de su debut era una chica a la que le gustaba mucho divertirse y hacer diabluras. Ese secreto, mucho nos tememos, se lo va a llevar a la tumba esperemos que dentro de muchos, muchos años; pero sí es cierto que de sus primeros trabajos ya con 29 años cumplidos y en la antesala de la treintena indican que antes de las cámaras ya había tenido una buena cantidad de experiencias sexuales. La decisión, por el motivo que fuese, debió de ser muy en firme: voló a Los Angeles en cuanto se le presentó la ocasión y empezó a hacer contactos en la industria ligándose a pornstars en festivales y fiestas de entrega de premios del sector.

Y la industria del porno, cómo no, acogió a Kiki con los brazos y las piernas abiertas. En Brazzers encontró trabajo muy a menudo tanto en Norteamérica como en su Inglaterra natal, donde estrechó lazos con la productora británica Killergram y hasta logró que le publicasen una sesión de fotos en Playboy. Sus compañeros destacan su profesionalidad a prueba de bombas y una seriedad con respecto a su trabajo que se agradece en un oficio tan dando al despendole; sus fans, por otra parte, hablan de su belleza, su implicación en las escenas de sexo anal y su dominio espectacular del squirting, una de las facetas más desarrolladas de su carrera y que más popularidad le ha granjeado.

Kiki dice que le apasiona la cocina y poder viajar por todo el mundo, una afición que, junto a su gusto por intervenir en fiestas de swingers en su tiempo libre, da muchas pistas sobre nada aburrida vida de esta pornstar antes de serlo.