Jodi West

Una de esas MILF vocacionales, dice Jodi que de jovencita no tenía para nada el aspecto de mujer escultural que luce hoy en día, que era una marimacho larguirucha y pecuda que siempre estaba metida en problemas. No sabremos nunca si esto es verdad: Jodi empezó a exhibirse desnuda ya con 34 años en un servicio de camgirls, y dos años después se subió al barco del porno directamente en la sección de maduritas. Algo debió de cambiar mucho en aspecto si lo que dice de su pasado es cierto, porque su físico actual es el de una esbelta dama con curvas y cierto aire de ama de casa conservadora que suma mucho más morbo a la ecuación de su pornografía.

Tras colaborar con estudios famosos como Mile High o Girlfriends Films, a finales de 2012 decidió empezar a monetizar los vídeos amateur que rodaba con su marido y fundó Forbidden Fruit Films. Allí da rienda suelta a la creatividad y la exploración de su propia sexualidad escribiendo ella misma los guiones, elige a quien le apetece para tomar parte en las escenas y haciendo realidad muy a menudo sus fantasías y las de sus fans. Su marido dirige, edita y promociona las escenas. La mayoría de su filmografía autoproducida responde a los mismos tópicos que están haciendo ganar terreno al porno semiprofesional: la obsesión con representar relaciones incestuosas entre madrastras e hijastros que actúan como si si su parentesco fuese consanguíneo.

Un rasgo interesante de su poducción: Jodi y su marido nunca contratan a estrellas del porno; toda la gente que aparece en sus escenas son amigos de ambos que participan por el simple placer de follar con esta espléndida MILF. Dice ella misma que lo más importante en su trabajo no es el dinero que generan sus vídeos, sino la posibilidad de tener junto a ella al compañero o compañera sexual que más le apetezca y que esté allí también por gusto.