Bella Bellz

Quizá porque se practican menos o son menos comunes, los implantes en las nalgas son algo que todavía cuesta detectar a simple vista incluso a aquellos pornófilos más experimentados y más obsesionados con las posaderas. En el caso de Bella Bellz nadie tuvo nunca ni una sola duda: su monumental culo tiene un aspecto deliberadamente artificial, unas proporciones y una forma (y sobre todo una movilidad) que hacen pensar en esta treintañera de Atlanta como en el prototipo de una nueva a inminente generación de pornstars apostando por los culos hiperbólicos y en absoluto naturales del mismo modo que en los noventa el porno aceptó (y con él todo el canon estético de la época) los pechos redondeados y separados, fruto evidente da cirugía.

Es evidente que Bella no es la starlet porno al uso y que no encaja en un perfil general: con ese pandero de locos combina un cuerpo esbelto y muy tatuado y unos rocambolescos peinados cortos, todo ello características que la desmarcan estéticamente de otras posibles competidoras en el nicho de los hiperculos. En lo étnico es de aquellas starlets difíciles de situar, y no nos extraña: su genética es una mezcla de sangre italiana y nativa americana.

Tras una adolescencia movidita sexualmente como parte del equipo de cheerleaders del instituto y sus aventurillas juveniles con los jugadores del equipo de fútbol americano, Bella dice que ha consumido porno desde que tuvo acceso a él y que si decidió probar suerte en esta industria era simple y llanamente porque le gustaba mucho lo que veía. Y ya sabéis cómo acogen las productoras a una mujer con vocación de devorar pollas frente a las cámaras: Evil Angel, Jules Jordan y Bangbros han requerido sus servicios en muchas ocasiones desde su debut en 2014. Y lo que te rondaré, morena.