Primero fue la muñeca sexual casera a base de cinta adhesiva y pedazos de cartón unidos con pegamento, luego llegó la muy terrible ducha romana para el hombre solitario que vomitaba agua potable, fabricada con una inquietante máscara de yeso y una peluca. Ahora llega el final boss de la juguetería sexual casera, un auténtico engendro de pesadilla perfectamente equipado para satisfacer las necesidades sexuales del tarado sediento de contacto: un esqueleto humano envuelto en espuma y unas vaginas en lata. El horror, EL HORROR.












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