Las nuevas tecnologías, esas fabulosas máquinas de follar automáticas, inspiradas mecánicamente en la dinámica de movimiento acompasado de las máquinas de coser y las perforadoras de pozos petroleros y minas. Las máquinas de coger, un simple cambio de letra las trajo al mundo sexual. Y vaya con la paradoja, cambia el nombre, pero el mecanismo de su operación es el mismo. Y otra nota curiosa es que, si bien en la historia del desarrollo tecnológico la metalurgia fue pionera de la mecanización, han sido la costura, confección de hilado y progreso de las herramientas en husos y telares y su perfeccionamiento en la maquinaria textil los que históricamente han estado más relacionadas con la actividad sexual como placer femenino.
Atadas por la manufactura capitalista a pasar largo tiempo en la fábrica, las obreras encontraron el modo de satisfacerse utilizando los movimientos acompasados de las máquinas de hilar. Péndulo, giro y pedal fueron mecanismos de placer altamente apreciados. Muchas otras fueron desplazadas por las Jenny y arrojadas al fango de la prostitución. Con la invención de las máquinas de costura doméstica y portátil en las que destaca la fábrica Singer, a principios del siglo XX se sentaron las bases para lo que vino después con el desenlace de la segunda guerra mundial. La matriz técnica de esa industria se convirtió en la matriz técnica de la producción bélica. Marginalmente se encontró que también era funcional para producir armas de placer. Antes la mujer le daba el arrimón a la máquina; ahora la máquina de follar le da su arrimón a la mujer.






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