El pollo de la discordia

El pollo de la discordia

Sarah DiGregorio publicaba la semana pasada en la sección gastronómica del New York Times un artículo sobre los usos culinarios que se le puede dar a la piel del pollo. La foto que acompañaba al texto, obra de Tony Cenicola y que mostraba el cadáver de un pollo decapitado y desplumado, listo para venderse en carnicerías, en una postura la mar de seductora que algunos medios han tildado de «marcadamente sexual», ha terminado haciéndose famosa en las redes sociales y a la PETA le ha faltado tiempo para condenarla. La presidenta de la organización, Ingrid Newkirk, no lo ha dudado ni un segundo a la hora de manifestar su opinión: «Es necrofilia. No tiene gracia. Es horroroso y enfermizo.»

La anécdota la pone el propio Cenicola cuando reconoce que este fue en realidad el segundo pollo que se utilizó en la sesión, después de que el anterior se echase a perder con tanto manoseo: «El primero tenía más muslo y menos pechuga.»

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