El hundimiento del U.S.S. Indianápolis

Pinjed

Por 11

Hoy se cumplen 68 años de la noche en que un submarino japonés torpedeó al barco U.S.S. Indianápolis unos días después de entregar la bomba de Hiroshima. Casi 800 de los supervivientes fueron devorados por los tiburones o murieron de deshidratación en la mayor tragedia de la marina estadounidense que un personaje, el Capitán Quint interpretado por Robert Shaw, retrataba en Tiburón, rubricando una de las mejores escenas de la historia del cine, pese a sus errores con las fechas.

Un submarino japonés le disparó dos torpedos al costado del barco. Yo había vuelto de la isla de Tinyan, de Leyte, donde habíamos entregado la bomba, la que había de ser para Hiroshima. 1.100 hombres fueron a parar al agua, el barco se hundió en 12 minutos, no vi el primer tiburón hasta media hora después, un tigre de cuatro metros, ¿sabe cómo se calcula esto estando en el agua? Usted dirá que mirando desde la dorsal hasta la cola, nosotros no sabíamos nada. Nuestra misión de la bomba se hizo tan en secreto que ni siquiera se radió una señal de naufragio.

No se nos echó de menos hasta una semana después. Con las primeras luces del día llegaron muchos tiburones y nosotros fuimos formando grupos cerrados, algo así como aquellos antiguos cuadros de batalla, igual que la que había visto en una estampa de la de Waterloo. La idea era que cuando el tiburón se acercara a uno de nosotros éste empezara a gritar y a chapotear y a veces el tiburón se iba pero otras veces permanecía allí y otras se quedaba mirándole a uno fijamente a los ojos; una de sus características es sus ojos sin vida, de muñeca, ojos negros y quietos; cuando se acerca a uno se diría que no tiene vida, hasta que le muerde; esos pequeños ojos negros se vuelven blancos y entonces, ah… Entonces se oye un grito tremendo y espantoso, el agua se vuelve de color rojo, y a pesar del chapoteo y del griterío ves como esas fieras se acercan y te van despedazando.

Supe luego que aquel primer amanecer perdimos cien hombres, creo que los tiburones serían un millar que devoraban hombres a un promedio de seis por hora. El jueves por la mañana me tropecé con un amigo mío, un tal Robinson de Cleveland, jugador de béisbol bastante bueno; creí que estaba dormido, me acerqué para despertarlo… se balanceaba de un lado a otro igual que si fuera un tentetieso, de pronto volcó y vi que había sido devorado de cintura para abajo.

A mediodía del quinto día apareció un avión de reconocimiento, nos vió y empezó a volar bajo para identificarnos; era un piloto joven, quizá más joven que el señor Hooper, que como digo, nos vió y tres horas después llegó un hidro de la Armada que empezó a recogernos y, ¿saben una cosa? Fueron los momentos en que pasé más miedo, esperando que me llegara el turno; nunca más me pondré el chaleco salvavidas. De aquellos 1.100 hombres que cayeron al agua solo quedamos 316. Al resto los devoraron los tiburones el 29 de julio de 1945. No obstante, entregamos la bomba.

Foto: Robert Shaw descansando junto a Bruce, el tiburón blanco, antes de que este se lo coma.

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