Faye Reagan fue una de las caras más reconocibles del porno a principios de los 2000. Pelirroja, delgada, con unas tetas prominentes realzadas por su complexión, y una mirada que enganchaba. Rodó para un montón de sitios de renombre y era de esas pornstars que no pasaban desapercibidas. Pero como otras de su generación, Faye también era una adicta y prostituta. La droga y la industria fueron de la mano durante años, y cuando dejó el porno, no dejó la adicción; al contrario, la dependencia aumentó, llegando a estar sin hogar, viviendo en la calle. El año pasado la dieron por desaparecida y apareció una semana después, pero su vida sigue siendo una lucha constante contra sus propios demonios. No hay final feliz para Faye, al menos no todavía.


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