Ellas también la saben meter

A LAS CHICAS LES ENCANTA ENSARTARLA HASTA EL FONDO

Está claro que a las mujeres les gusta abrirse de piernas para ensartarse un pollón de trece octavas. Incluso se apremian a ofrecer sus morenas posaderas ante asalto de un buen rabo de toro que sepa columpiarlas al ritmo de una hacendosa habanera hasta hacerlas enloquecer de puro vicio. Esas tetorras puntiagudas galopan como gacelillas perdidas en el busque que buscan desesperadamente el arroyuelo de vuestra leche para llenarse la boca.

Sí, a las doncellas que han dejado de serlo les encanta que rellenéis los recovecos de su anatomía. Pero, también gozan practicando otro tipo de juegos amorosos de los que, por desgracia, se habla demasiado poco a menudo. Porque, seamos sinceros: muchachos ¿le habéis preguntado alguna vez a vuestra chica si le apetece empalaros hasta la campanilla con un nardo follador? Y vosotras: ¿Os habéis atrevido a pedirle a vuestro garañón que se deje acariciar sintiendo en su interior vuestro cipote de mentirijilla ahuecándole el ojete? Pues los camastros están para romper los tabúes y, si se tercia, también los culos.

Se acabaron los remilgos, punto y final a esa mala costumbre de ser chicas educadas y sumisas. Osad probar, siquiera una vez, el gozoso acto de la penetración sin barreras. Follaos a vuestras amigas, a vuestros novios y a los novios de vuestras amigas que, para el caso, vienen a ser todos lo mismo. Podéis empezar utilizando un consolador. Si os apetece, resulta siempre agradable dilatarlo al calor de vuestra ardorosa vagina, lo cual, sin duda, contribuirá a una sana tarea de lubricación. Si lo preferís, adornad la puntita con un par de dulces escupitajos para, seguidamente, ocupar las brechitas de vuestra amiga o el tercer ojo esponjoso de ese mocetón que una vez os tiró los tejos.

Si lográis encontrar un vibrador de doble sentido, el placer se multiplicará. Podréis llenaros con él los dos a la vez, disfrutando al unísono de los gemidos crecientes y la vergüenza menguante que os llevará, irreversiblemente, a empapar el colchón con el jugo de vuestra propia cosecha. Pero, lo mejor queda aún por venir. Apropiaos de un buen apéndice fálico, grueso y erguido. Colocadlo encima de vuestro simpático chochito. Lo pasaréis aún mejor si lo complementáis con un juego de bolitas chinas debidamente alojadas, como perlas deliciosas, en el apretado refugio de vuestro recto. Luego, recorred con la punta del miembro de pega el cuerpo de vuestro amante, haced que os la chupe. Que la engulla una y otra vez, suplicando que la verga le inunde la garganta en espesos borbotones blancos. Obligad a vuestro amante desbocado a adquirir la postura servil de un perrito faldero. A cuatro patas y expuesto a cualquier escaramuza por parte de vuestro cirio pascual, bravo y enardecido como el de una procesión. Sentid el rosario de bolas repiqueteando entre los pliegues apaisados del ano, notad como cambian de lugar al compás de vuestro empuje. Sed malas, folláoslo a fuerza de gruñidos tempestuosos, cambiando el ritmo de internamiento a vuestro antojo, hasta que su leche de vuestro príncipe sodomizado riegue las sábanas de puro amor.

Chicas, meterla en caliente es un lujo a vuestro alcance del que no os podéis privar. Y si las pollas de látex no os satisfacen, no dudéis en aprovechar a fondo el tacto poroso de vuestras manos y pies. Metedle el puño o los deditos de los pies, todo contribuirá a enriquecer y volver más sabroso el caldillo afectuoso de vuestros placeres ocultos.

por Johnny Laputta

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