En la actualidad el uso peyorativo de la palabra cerda hace alusión a la suciedad de la insultada: el cerdo es un animal que vive en una pocilga y retoza en sus propias heces, pero la cerda en contexto pornográfico no está relacionada necesariamente con la escatología sino con la actividad sexual intensa. O dicho de otro modo: la moral judeocristiana que todavía tiene influencia en la cultura occidental considera el sexo como algo sucio, de manera que el porno cerdo y la porno cerda pasan a caracterizarse por su predilección sexual. Y lo que es más occidental y judeocristiano: a todo el mundo le encanta, aunque sea en secreto.

En territorio español la expresión cerdo o cerda también puede ser sustituida por marrano o marrana, y el origen etimológico de esta variante resulta muy evocador: solía aplicarse a judíos convertidos al catolicismo por la fuerza durante el período de terror inquisitorial. «Mar» significa «amargo» en hebreo, y «anus» significa «obligado», de modo que «marranus» era la forma despectiva en que los cristianos se referían a sus convecinos de pasado judío. El parecido con la palabra árabe «muharram», pronunciado en árabe andalusí como «maharram» —que significa «cosa que está prohibida» y se aplicaba habitualmente al cerdo como alimento vetado a los musulmanes—, acabó asociando ambos términos en «marrano», siempre para hablar de alguien con desprecio (marranus) y asco (maharram).

En el porno, eso sí, la cerdería es siempre virtud, y existen numerosos casos de pornstars que han llegado hasta lo más alto de su profesión sin gozar de un buen físico o una belleza especial, sino siendo, efectivamente, porno cerdas.

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