Ada Lapiedra arrancó 2025 con una “medalla” colgada del cuello, el AVN a Mejor actriz revelación internacional. Un trofeo que en teoría debía impulsarla como un cohete y poner su nombre en todas las agendas del porno global. Pero la realidad fue bastante menos grandilocuente. Después del subidón de Las Vegas, la catalana se pasó medio año más discreta que un consolador sin pilas. El premio venía precedido de ese runrún tan típico de las galas, a través de contactos, amiguismos, compadreos…, lo de siempre. Muchos ya comentaban que, si el AVN hubiera sido una clase de instituto, Ada habría sacado matrícula por caer bien al profesor, mientras otras compañeras del circuito se habían dejado los riñones grabando más que las cámaras de seguridad del Corte Inglés. Ada venía de una trayectoria curiosa —modelo erótica primero, actriz después, con ese nombre real de Lorena Hidalgo que sonaba más a vecina simpática que a estrella del porno—, pero 2025 no terminó de despegar para ella. Entre proyectos que no se concretaron, escenas que no generaron ruido y una presencia en el mercado internacional que oscilaba entre “ya vendrá” y “igual el mes que viene”, su año quedó en un estrellato sin brillo.
AVN la coronó y Ada Lapiedra se echó la siesta
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