Así sonaría el sexo si fuese música

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El artista sonoro residente en Japón Rory Viner ha decidido llevar a cabo de una vez por todas lo que varios géneros musicales llevan décadas intentando conseguir: convertir el sexo en música. Su enfoque, eso sí, es algo más literal que una balada de Whitesnake o un acústico de Barry White: ha instalado sensores de movimiento en su cuerpo y el de su pareja de modo que cada alteración, ritmo, cada gesto y cada acto envían una señal a un software especialmente programado para hacer la conversión a notas de sintetizados y, ojo, hacer sonar la melodía en directo.

Así suena un polvo.

En este experimento he transformado movimientos cenestésicos sexuales en sonido. (…) He conectado varios sensores piezoeléctricos en mí y en mi pareja a la altura de las caderas y las extremidades y he retransmitido y grabado el resultado. Cada sensor piezoeléctrico estaba programado para activar una nota distinta específica en el esquema dentro de un Arduino después de conectar los sensores a un microcontrolador. Las notas son enviadas como datos MIDI a un programa en el Arduino y a un sintetizador. El resultado fue emitido en directo para ser escuchado durante el coito con la idea de crear una especie de feedback en bucle en el el sonido y nuestro movimiento interactuaran entre sí: nuestros cuerpos como instrumentos, editando nuestras acciones en tiempo real para cambiar nuestro comportamiento que a su vez cambia el resultado musical.

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