Una animatronic para perder la cabeza

A estas alturas es difícil que a uno le sorprendan los efectos especiales en una película. Hace años todavía existía cierto margen para la sorpresa, pero la industria del cine ha acabo por rendirse a las facilidades de los efectos digitales, y ya casi todo se hace a base cromas y posproducción.

O casi todo: aún hay directores como e británico Edgar Wright con cierto apego por los denostados efectos prácticos, y con este breve ejemplo que hizo fabricar para Bienvenidos al fin del mundo nos demuestra que el mundo de los animatronics tampoco se ha quedado sin sus evoluciones y mejoras.

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