Abella Danger: anatomía de una fiera del porno gonzo

En esta santa y pervertida casa —o templo, como diría el amigo Cuznek— nos alejamos de los discursos y las opiniones maniqueas, y procuramos ceñirnos lo máximo posible a la realidad y tratar de ser imparciales, aunque algo de subjetividad siempre está presente en cualquier tipo de valoración. Aunque creo que está fuera de toda duda que la señorita “peligro” ha marcado una época en la industria pornográfica. ¿Cuántas criaturas de este mundo (y cuántas generaciones) habrán visto alguna escena suya en alguna ocasión buscando porno por la web? La cifra debe ser elevadísima. El caso es que Abella llegó al porno para hacerse notar y es evidente que lo logró con creces. Con apenas metro sesenta de estatura, una flexibilidad de gimnasta y un tren inferior que explotó y se convirtió en un mito casi parlante —cosechando el galardón al Mejor Culo Épico en los premios AVN durante tres años consecutivos—, esta miami-floridana transformó el sector a base de cardio salvaje, disciplina de hierro y una intensidad en escena que deja a mucha de la competencia a la altura de la colilla. Pasó de gorronear la cuenta de Brazzers del novio de su hermana a coronarse como una de las reinas del gonzo extremo y el anal de alto voltaje en Evil Angel y tantos otros estudios. Rodajes legendarios como Fucking Flexible #2 o First Class Anal #2 son solo dos ejemplos donde la energía sexual de esta atleta del porno se desborda.

Su primer anal interracial

Mike Adriano y la enculada con mantequilla al estilo “El último tango en París”

“Fucking Flexible #2”

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