Esta es la rocambolesca historia de Christina Sage, una veterana del camming que decidió que no había mejor momento para estrenarse en el sexo anal profesional y en los dobleteos salvajes que justo después de quedarse con el brazo tonto en el avión. Resulta que la muchacha voló hasta Budapest para rodar con Pierre Woodman y se despertó con una parálisis del nervio radial por haber dormido mal, pero lejos de lloriquear o cancelar la cita, se ató una cinta de pelo en la muñeca como si fuera un futbolista lesionado en la final de la Champions y tiró para adelante sin poder usar la mano izquierda. El resultado fue más que notable, borrando de un plumazo un pasado oscuro de experiencias feas para convertir la velada en un festival de sonrisas, orgasmos y un posterior DP con un francés bien dotado que terminó con todos de copas y de buen rollo.
El caso es que la trayectoria de esta flaca casi recién llegada al porno profesional es un viaje surrealista que va desde vender bragas usadas a los 18 años mientras estudiaba medicina y derecho, hasta aguantar a fetichistas de todo tipo, pasando por dar clases de inglés y trabajar en farmacias para mantener las apariencias. Tras años escondiéndose de la sociedad por el qué dirán, la chica mandó los prejuicios a tomar por el culo (literal y metafóricamente), abrió sus redes, se abrazó al porno de los estudios y a su OnlyFans, y ahora duerme como un bebé sabiendo que no le va nada mal. Aunque debería visitar más a su abuela para que le prepare comida en abundancia.






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