Tetas

Las tetas suponen el más grande icono sexual de la historia de la humanidad, la parte del cuerpo femenino que atrae más miradas furtivas y el objeto de deseo por el que hombres y mujeres de todas las civilizaciones del mundo sienten cierta atracción, ya sea directamente erótica o solo curiosidad. Múltiples estudios hablan de factores evolutivos que nos impulsan a sentirnos fascinados por las tetas grandes, y que señalan precisamente una paradoja interesante: algunos sexólogos y antropólogos afirman que la principal figura de interés sexual del cuerpo es el culo, y que si nos volvemos locos con las tetas gordas es porque el canalillo que produce su unión nos recuerda a la raja del culo.

Otras teorías hablan de las tetas se comunican directamente con el vínculo maternofilial que permanece para siempre en nuestro inconsciente. El caso es que, al final, todas las teorías coinciden en que las tetas son una señal tácita de que su portadora es una buena pareja sexual y reproductiva.

La parte cultural, eso sí, es la que ha moldead esa obsesión: el criterio de las tetas bonitas está universalmente ligado a un tamaño abundante, y la batalla está ahora entre el gusto por las tetas naturales y las tetas operadas, una encrucijada a la que nos hemos visto sometidos desde el último tercio del siglo XX, cuando empezó la mayor exposición a la desnudez femenina como objeto sexual que haya vivido el ser humano.

En el porno las fotos de tetas supusieron el principio de todo, y con la llegada de las nuevas tecnologías los vídeos de tetas se convirtieron una rama de un árbol que crecía en todas direcciones. El erotismo y el porno son ahora muchas cosas más que solamente dos protuberancias de grasa, pero bien es cierto que siguen siendo algo imprescindible en el entretenimiento para adultos. Aquello de que sin tetas no hay paraíso siempre fue cierto.

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