Termómetro del gulag

Fogardo

Por 18

«A los trabajadores no se les enseñaba el termómetro, aunque tampoco hacía falta: había que salir al trabajo cualesquiera que fueran los grados. Los viejos del lugar calculaban casi con exactitud el frío sin termómetro alguno: si había niebla helada, quería decir que fuera hacía -40°; si al expulsar el aire este salía con un silbido pero aún no costaba respirar, significaba que hacía -45°; pero si la respiración era ruidosa y faltaba el aire, entonces era que estábamos a -50°. Por debajo de los -55° un escupitajo se helaba en el vuelo. Los escupitajos se helaban en el aire desde hacía ya dos semanas.» —Extracto de Relatos de Kolymá, de Varlam Shalámov.

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