Siempre nos gusta explorar el lado más artístico de lo erótico, pero cuando buceamos en el lado más erótico del arte siempre aparecen opiniones muy radicales afirmando que “eso ni es arte ni es nada” y demás chorradas desconcertantes. Supongo que va con el vanguardismo. El caso de hoy no admite reticencias: John Currin es un consagradísimo pintor norteamericano (tanto que la semana pasada se vendió un cuadro suyo, una vieja en tetas titulado Bea Arthur Naked, por 1,9 millones de dólares) cuya obra se centra en la crítica social por la vía del erotismo hiperbólico.
pintura
Aristócratas de otra dimensión
Hace poco compré un libro fabuloso, la Guía Barlowe de Extraterrestres, donde el ilustrador Wayne Douglas Barlow daba imagen y color a muchos de los seres de otro planeta que han ido apareciendo en la literatura de las últimos dos siglos. El trabajo del artista de Rhode Island afincado en Nueva York Christian Rex van Minnen tiene un aire similar, aunque parte de una base creativa mucho más original si cabe: con un estilo muy europeo, sus ilustraciones son retratos grotescos de aristócratas que nunca existieron y de una dimensión alternativa. Desde humanoides hasta criaturas basadas en los hongos, este choque de arte, moda y biología resulta fascinante a la vez que repulsivo.
El loco cóctel cultural de Hillary White
Nacida en Maine y criada en un interminable caldo de cultivo ochentero con una pizca de arte clásico y cierta obsesión Alicia en el País de las Maravillas, la ilustradora Hillary White ni sabe ni pretende ocultar su mayor influencia: la cultura pop. Por eso la mayor parte de su obra bebe de fuentes como internet y los memes, los dibujos animados, el cine de terror y ciencia ficción o la literatura de fantasía. Pero quizá su mejor serie es una que ha bautizado como Reinterpretaciones Pop y que hace precisamente eso: coger obras pictóricas clásicas de distintas épocas y mezclarlas con referencias que a cualquiera nacido en los 80 le volarán la cabeza.
Pósters de cine ghaneses, la 8ª maravilla
Esto que os traigo hoy me ha reventado la puta cabeza. Os explico la historia: cuando llegó el VHS a la República de Ghana, a mediados de los ochenta, nadie pareció caer en la cuenta de un pequeño detalle: allí no tenía electricidad ni Dios, así que mucho menos una tele o un vídeo. Los pequeños empresarios del lugar dieron con una solución, los cines itinerantes, que en esencia eran una furgoneta, un generador y una tele que brindaban a cada aldea el milagro del celuloide a precios ajustados. El reclamo eran, efectivamente, estos pósters pintados al óleo a mano por artistas locales, inspirándose en pequeños cromos promocionales o su propia imaginación.
Ben Frost, el hombre que lo dibujaba todo
Ben Frost es lo que los anglosajones llaman “street artist”, uno de esos caballeretes que pintan muros en las calles o pegan carteles o estampan plantillas bajo la premisa de hacer crítica social y de intentar, valga el encomiable objetivo, de hacer que la gente piense un poquito y no sea tan conformista. Hoy nos centramos, eso sí, en su obra interiorista: el tipo tiene la curiosa costumbre de coger envases, cajas, envoltorios e incluso boletos de lotería, postales o billetes (con cierta preferencia por las cajas de patatas fritas del McDonalds) y corromperlos con magníficos dibujos en acrílico que sirven para ejercer una crítica feroz e impactante contra la sociedad del capitalismo.
El monográfico del año: pájaros y pollas
Mi propósito de año nuevo ha sido renovar un poco mi espectro de gustos, descubrir cosas nuevas y actualizar favoritos (esto es mentira; en realidad odio a la gente que se hace propósitos de año nuevo). De momento ya tengo a mi nueva artista favorita: se llama Brittany Zagoria, tiene solo 25 años y es de Connecticut, aunque ahora reside en California. Desde allí pinta sus cuadros que van a parar con cierta frecuencia a la publicación artística Beautiful/Decay y cuyo trabajo que más me ha llegado al corazón es esta seguidilla de pinturas en acuarela titulada Birds and Dicks (“pájaros y pollas”) que viene a ser, en efecto, un montón de pájaros y pollas.
El Grito amarillo del coreano Kim Beom
Siempre decimos que japoneses y rusos parecen estar en una pugna internacional por ver cuál de las dos naciones está más jodida de la cabeza, dónde están más locos. Con el auge de PSY y su bombazo Gangnam Style debimos verlo venir, era un aviso muy claro: Corea del Sur quiere meterse en la pelea, y lo que es más preocupante, quieren ganar. Cosas como lo de hoy les dan un poso teórico ala altura de su ambición chalada: un pintor llamado Kim Beom ha creado una técnica pictórica que consiste en pegarle berridos a la brocha para que «el sonido de los gritos se incorpore al trazo» dotando a la obra de… algo.
Bryan Lewis Saunders y las drogas como musa
El experimento que llevó a cabo el artista y músico estadounidense Bryan Lewis Saunders es una de las más brillantes piezas de arte poco convencional que se ha hecho en los últimos años. Lindando casi con el campo de la neurología, el pintor de Washington decidió probar cuarenta y cinco tipos distintos de sustancias estupefacientes y dibujar su propio autorretrato bajo el efecto y la influencia de cada una de estas drogas. No solo la alteración de la percepción de sí mismo se ve reflejada en sus dibujos, si no también las disfunciones psicomotrices e incluso la incapacidad de concentrarse en el trazo. No nos extraña: Saunders afirma haber sufrido daños cerebrales como secuela.
Keith Boadwee, un artista para toda la familia
La mítica pregunta qué es el arte nunca ha obtenido una respuesta que satisfaga a todo el mundo. Hay quien no ve arte en lo que no le parece bonito o lo pretendidamente transgresor, y hay quien admite todo tipo de ejercicio expresivo, incluso aunque el mensaje sea difícil de interpretar o la visión le turbe. Keith Boadwee es uno de esos objetos de repulsa, ya juzgar por su obra lo más probable es que ese sea su objetivo: hacer de la ofensa un arte. Fijaos en su método de pintura: el tipo lanza el color sobre el lienzo con el ano o el estómago, luego imagina figuras y plasma su visión a manotazos.
Millie Brown, la artista que pintaba con vómito
Solo en el arte más vanguardista y rompedor, en su fauna bizarra y desconcertante, podemos encontrar a gente como la artista británica Millie Brown, un ser humano maravilloso que ha desarrollado su propia técnica, muy peculiar y e innovadora ella, para colorear sus lienzos de forma absolutamente personal. La amiga Millie se zampa sus buenos vasazos de leche coloreada según la paleta planeada y la vomita en la superficie en cuestión ejecutando los trazos con el viscoso chorro. No deja de maravillarme, eso sí, cómo después de echar la pota cuatro veces, el color ingerido sigue siendo tan puro como cuando entró. Y a mí que siempre se me mezclaban las acuarelas…
El fotorrealismo culero de John C. Kacere
John C. Kacere, un artista norteamericano que falleció hace más de una década, empezó su senda por el mundo del arte seducido por la corriente abstracta e impresionista, pero pronto se dio cuenta de que su estilo, lo que sus manos y su cerebro le pedían, estaba muy lejos de la transmisión de emociones, lo garabatos y los círculos y los trazos arbitrarios. La precisión de sus capacidad expresiva era increíble y desarrolló una técnica depurada basada en el dominio de luces y sombras que culminó cuando decidió en los sesenta que lo mejor que podía reproducir era una de las obras más bellas de la naturaleza: el culo de la mujer.
Los ancianos infantiles de Jason Bard Yarmosky
Jason Bard Yarmosky es un pintor que afirma haberse pasado toda la vida reflexionando sobre el tema de la senectud, del paso de los años y cómo la vejez afecta al pensamiento y a la actitud ante la inevitabailidad de la no existencia a corto plazo. Por eso su obra Elder Kinder (“niños ancianos”) recoge en varias pinturas de exquisita factura técnica lo que él mismo denomina «la intersección entre el cuerpo ajado y el alma vigorosa». Usando como modelos a sus abuelos octogenarios, Jason retrata a viejetes en actitud juguetona y teatral a pesar de su condición física. Ilustraciones donde el pesimista ve humillación y lástima, y el optimista ve liberación y vitalidad.
