En Malasia hay costumbres que son ciertamente estremecedoras. Por ejemplo, los azotes con un látigo que debe recibir un delincuente tras declararse culpable de atraco a mano armada con el objeto de robar un teléfono móvil. Como verás a continuación, el castigo corporal con un látigo de ratán –consistente en una vara de un metro y veinte centímetros de longitud– es particularmente doloroso; los latigazos penetran la piel, dejando secuelas físicas y psicológicas permanentes. Atención: material extremo
