El romanticismo sigue resistiéndose a morir

Es lo que tiene la fiestuqui: que uno sabe como comienza pero nunca como acaba. Que se lo digan a esta buena mujer negra y al grupo de futuros cuñados que andan de fiesta con ella y la animan: primero una teta, luego otra, y luego… pues una mamadita al aire libre a un desconocido, entre la basura que se acumula en la calle y las miradas atónitas del resto de botelloneros. “Esto solo pasa en Sevilla”, presume nuestro amigo. El vídeo, una muestra de diversión sana y sin complejos, ha sentado muy mal a algunos medios conservadores, que lo ven como una muestra de la degeneración del país y los peligros de la inmigración. A nosotros nos parece lo más bonito que hemos visto en mucho tiempo.