Romi Rain

Entusiasta y apasionada, sus compañeros de rodaje dicen que Romi Rain actúa como una niña alegre y divertida entre bambalinas y en cuanto las cámaras se encienden canaliza toda esa vitalidad hacia la lascivia y el vicio más irrefrenable. Morenaza de rasgos aparentemente latinos (su padre era siciliano), Romi no parece la típica muchacha de la deprimente Nueva Inglaterra y quizá no lo sea, por eso tras una adolescencia algo movidita, decidió largarse a Los Angeles para vivir aventuras y dar rienda suelta a sus impulsos.

En California trabajó como camarera durante un tiempo y a los 19 empezó a alternar su empleo con un puesto como stripper los fines de semana. De ahí paso a la fotografía erótica y el gusanito del porno empezó a despertar en su interior. Con prudencia, empezó a hacer solo retransmisiones por webcam y luego probó con escenas lésbicas hasta atreverse finalmente a dar el paso definitivo hacia el porno mainstream. Entre una cosa y otra habían pasado cinco años desde su llegada a Los Angeles, pero asegura que en el momento en que probó el porno auténtico se dio cuenta de que todo encajaba y de que ese era su hogar profesional.

Ahora, dice, lleva una vida más feliz, más desahogada económicamente y más saludable que nunca gracias a su paso cinco días a la semana por el gimnasio para mantener su cuerpazo.