Proxy Paige

Nacida en la América profunda y residente en el Medio Oeste, la adorable Proxy Paige parece haber mantenido de alguna forma atávica la conexión con sus ancestros rusos y franceses: su manera de trabajar y el entorno en el que practica su porno es mucho más europeo de los que cabría esperar de una inocente jovencita de Dakota del Norte. Todo empezó cuando se mudó a Scottdale, Arizona, y empezó a trabajar en una tienda de películas porno. Allí sintió el gusanillo del sexo filmado y decidió probar suerte como actriz porno, un oficio que se le da de maravilla y en el que se ha especializado en su vertiente más extrema.

Lo de Proxy es un fenómeno difícil de explicar, una hedonista del siglo XXI que no conoce límites y que es capaz de las más extravagantes locuras sexuales con su cuerpo. Ha hecho literalmente de todo, y jamás ha perdido esa sonrisa picarona mientras objetos enormes le zarandeaban las entrañas en penetraciones anales tan profundas y agresivas que podrían entrar en la categoría de delito contra la salud pública. De hecho ha recibido numerosas nominaciones y premios dirigidos a su capacidad para la faceta más cerda de su trabajo, y desde que se mudó a Amsterdam parece que ha encontrado la horma de su zapato a nivel de rodaje porno.

Su paso hacia la dirección de escenas ha empezado a producirse de la mano de los holandeses de Sineplex, la compañía que gestiona Legal Porno, y parece que la idea de Proxy no es solamente protagonizar y dirigir sus propias escenas de porno extremo, sino también servir de puente para llevar a otras starlets norteamericanas hasta el sucio, salvaje e inmoral porno europeo. Si ese puente funciona, puede que Proxy se acabe convirtiendo en una de las personas más influyentes de la historia futura del porno.