Piper Perri

Quizá sea uno de los casos más extremos de pequeñez en el porno mainstream americano: Piper solo mide 1,45 y pesa menos de 40 kilos. Puedes cogerla del suelo literalmente y echarte su entrepierna a la boca como si fuese un pistacho recién abierto, y esa es precisamente la baza que esta rubia de mirada juvenil ha estado explotando desde que debutó en 2014. Nosotros, de hecho, la conocimos gracias a una escena suya con J-Mac que, pese a no ser muy corpulento, la sacudía en el aire como una muñeca de trapo. Era algo grotesco pero extremadamente morboso y excitante.

Sus orígenes genéticos no están en la Comarca de los hobbits, como uno podría pensar al observarla, sino que son un cóctel de ingredientes llegados desde todos los extremos del mundo: irlandesa, italiana, ucraniana y nativa americana, Piper tiene el físico de una animadora de instituto adolescente, así que es comprensible que los estudios se la rifen. En el porno todos somos un poco Kevin Spacey en American Beauty, y esta voraz pequeñuela es una perfecta Mena Suvari.

Su llegada al porno fue totalmente fortuita, como las mejores cosas de la vida: después de salir de una mala relación sentimental, subió un perfil a la red social de citas OKCupid y, de entre los cientos de pajeros tratando de meterse en sus bragas, había una impresionante rubia de Florida que empezó a flirtear con ella. Resultó que aquella rubia era la pornstar Layna Landry, quien le propuso probar suerte en el porno. Dicho y hecho: en dos días un agente contactó con ella para viajar a Miami y debutar, no sin antes consultárselo a su madre, una antigua bailarina de striptease a la que le propusieron varias veces hacer porno. Su respuesta fue un abrazo y una lista de productoras pornográficas con buena reputación.

De momento su carrera en el porno está siendo muy regular y sin altibajos, con una afluencia considerable de escenas y algún que otro descenso al lado más hardcore de la vida, pero todavía se reserva su primer anal en la manga.