Missy Stone

De ancestros alemanes, cherokee y mohawk, Missy aúna la dulzura de su aspecto juguetón de gatita con una intensidad sexual salvaje e imparable. Se metió en el porno a los 20 años, apremiada por las deudas, pero se dice que siguió en él por motivos menos materialistas: básicamente le encantaba montar rabos y sus inmensos ojazos azules con esa carita picaruela en ese cuerpecito manejable la convirtieron en una de las lolitas más queridas de la industria. Una especie de cruce entre Avril Lavigne, Megan Fox y la chica más zorra de vuestro antiguo instituto, eso sí, con un carácter dulce y encantador.

Su retirada a principios de 2010 fue un auténtico mazazo para sus fans, aunque teniendo en cuenta su juventud siempre queda la esperanza de que vuelva.