Lucy Cat

Solo hace falta observar con atención su cara perfecta, su sonrisa malévola y su expresión algo más que traviesa para entender por qué Lucy Cat afirma sin rodeos que lleva pensando en dedicarse al porno desde que tenía 13 años. Después de ver porno por primera vez se cruzó con un documental sobre la vida profesional de las pornstars y los ingresos que conseguían, y entonces supo que eso era lo que quería hacer.

Durante su adolescencia investigó y aprendió mucho sobre la industria, y se interesó especialmente en el porno amateur. La libertad que ofrecía el porno semiprofesional rodado en casa con su pareja o con quien ella decidiese, y los beneficios que podía acumular, le hicieron decidirse y dedicarse a este nicho en el que se ha convertido en la más exitosa webcamr y pornstar amateur de toda Alemania y parte del continente europeo.

Mientras sigue con sus estudios en la Universidad de Wismar de ciencias aplicadas, donde estudia Ciencias del Transporte y la Logística, y planea trabajar en ese sector (preferiblemente en un gran aeropuerto, dice) cuando las circunstancias acompañen.

De momento se gana estupendamente la vida: al porno que produce a su gusto se une también el que realiza para MyDirtyHobby, el portal de porno amateur con el que tiene un contrato de exclusividad. Su actividad sexual filmada es la que cabría esperar si uno tiene en cuenta los clichés más extendidos sobre el porno alemán: sexo anal, exhibicionismo, follar en lugar públicos y hasta algún coqueteo con los deportes acuáticos echando meadas en sitios insólitos, como el famoso vídeo en el que se pasea por un Ikea metiéndose por el coño cada objeto remotamente fálico que se cruza para terminar echando una buena meada en un vaso que luego deja reposando en una estantería de la tienda. Es un momento muy representativo de la actitud de Lucy: una descarada adicta al morbo y a los comportamientos inapropiados, una auténtica diablesa.