Kendra Sunderland

Si alguna vez Kendra decide escribir y publicar sus memorias, va a ser un libro la mar de interesante, al menos en lo que respecta a su aún corta relación con el mundo del erotismo. Tras una infancia feliz en la que siempre dijo que quería ser modelo, Kendra se graduó en el instituto y fue a la universidad estatal de Oregon donde estudiaría económicas. Después de perder el empleo con el que se pagaba la carrera, decidió probar suerte como webcamer y el éxito fue inmediato. Poco a poco fue acumulando fans gracias su natural picardía y a sus dos tetas perfectas y de considerable tamaño que contrastaban con su figura esbelta.

Un día tuvo la ocurrencia de irse a la biblioteca del campus y retransmitir desde allí, mostrando sus tetazas y masturbándose cuando nadie la veía. Es todo un subgénero que las camgirls han popularizado a golpe de decorado y atrezzo, pero ella lo hizo de verdad y sufrió las consecuencias: una estudiante reconoció el lugar e informó a las autoridades del campus, que interpusieron una demanda contra Kendra por escándalo público y exhibicionismo. Kendra fue arrestada, multada con 1.000 dólares de sanción y le prohibieron volver al campus, pero a cambio su vídeo se había viralizado y contaba con millones de visualizaciones en numerosos websites de todo el planeta. Se acababa de convertir en una estrella.

Interrumpida su trayectoria estudiantil, que ya tenía medio abandonada por su trabajo como webcamer que le proporcionaba grandes ingresos, Kendra decidió tomarse más en serio que nunca esta faceta erótica y explotó todo lo que pudo el material que retransmitía o rodaba con su novio. Pasó del softcore exhibicionista al porno semiprofesional y finalmente acabó por llegarle esa gran oferta irrechazable para entrar en la industria del pajote.

El remitente del cheque era nada menos que Greg Lansky, el francés de estilo preciosista que lleva una temporada dominando el porno americano con su estética trabajada y su fotografía extremadamente profesional. Vixen y Blacked fueron los dos primeros sitios en tener el honor de trabajar con ella, y aunque su imagen como pornstar de agente y contrato se aleja mucha aquella que proyectaba antes como una jovenzuela alocada, esta nueva Kendra de estratosféricas curvas y mirada penetrante casi se puede decir que ejerce de figura divina, de diosa del amor y el sexo.

En el momento de publicar este texto todavía no está claro cuál será su futuro en el porno de élite, pero si es evidente que llegará todo lo alto que a ella le apetezca.