Karla Kush

Dice que nació en Las Vegas pero se pasó la adolescencia entre la ciudad de los casinos y la mucho menos glamurosa Texas. Se le despertó pronto el gusanillo del espectáculo al hacer teatro y patinaje artístico en el instituto, pero luego ese bicho hibernó cuando se casó con un militar y después de divorciarse trabajó de canguro a jornada completa. Era un empleo que llevaba ejerciendo desde hacía una década, así que al verse sin ataduras y después de experimentar a fondo su bisexualidad entre los 18 y los 22, finalmente decidió que quería probar algo nuevo y más lucrativo.

Como suele ser habitual, Karla empezó a retransmitir por webcam y seis meses después le contactó una agencia para proponerle una entrada en la industria del porno que se materializaría unas pocas semanas después de comentarlo con su novio y llegar a la conclusión de que, si quería hacer algo con lo que se sintiese ella misma y donde diese rienda suelta a su lado salvaje, había que subir a este tren sin dudarlo.

Rabiosamente guapa hasta niveles que podrían situarla como supermodelo o actriz de Hollywood, Karla Kush lleva desde 2013 trabajando en la industria del porno. Su debut fue con Team Skeet, en una escena POV donde el director era también el actor utilizando una GoPro y los dos estaban solos, de modo que fue una entrada suave al mundillo. Luego empezaron los rodajes en serio, con equipo técnico alrededor, pero no le costó adaptarse. Fue tras su incursión en la productora Blacked, con su primera de varias escenas en otoño de 2014, cuando consiguió disparar su popularidad gracias al que quizá sea el mayor talento de Greg Lansky: controlar la fotografía, el ritmo y la iluminación para resaltar el contraste y la belleza cuasi virginal de sus modelos, en especial las rubias.