Gia Paige

Pequeñita, guapa y culona, Gia representa el perfil de jovencita que triunfa en el porno desde hace años, quizá desde que Remy LaCroix enamoró a todo el mundo con esa combinación de normalidad fresca y curvas de infarto. Dice Gia que lo suyo era vocación: durante el instituto descubrió el sexo con su novio en casa de una amiga y se convirtió en una auténtica máquina de follar. Dice que se ventiló a más de 40 chicos antes de graduarse, y que a partir de ahí dejó de contar.

Durante un tiempo trabajó de canguro, un oficio especialmente ligado al porno, y luego formó parte de la plantilla de una pizzería donde acabaría convirtiéndose en la encargada. Sus primeros pasos hacia la industria del entretenimiento para adultos se pueden señalar en una galería que subió a Suicide Girls donde, a pesar de no llevar un look especialmente radical (11 tatuajes, sí, pero bien repartidos), tuvo una aceptación considerable por parte de los suscriptores. Un día finalmente se aburrió de la hostelería y decidió tomarse un tiempo libre. En aquella época vio un documental sobre camgirls y decidió que ella podría dedicarse a eso sin problemas. Así que encontró empleo fijo en una de esas casas donde conviven varias webcamers, un proyecto que habían iniciado los dueños de Reality Kings, así que el paso de allí al porno fue bastante natural, y nunca le faltó trabajo en productoras como Evil Angel, Brazzers o Team Skeet.

En la actualidad se limita a vivir al día. Dice que no le apasionan las pollas demasiado grandes porque ella es pequeñita, que le encanta la comida mexicana, que le encanta hacer mamadas a sus amigos en lugares inapropiados (habla de un vuelo nocturno con lefazos bajo la manta de viaje) y que cuando acabe con el porno quiere estudiar ciencias funerarias.