Allyssa Hall

Un triste visto y no visto. Dos años escasos de trayectoria y nada más volvió a saberse de Allyssa, una monada de expresión lasciva a la que le encantaba sacar partido a su piercing lingual desde que al cumplir la veintena se lanzara al glamuroso mundo d la fotografía erótica y el softcore. Tras sus primeras experiencias, no dudó en atreverse on el hardcore y llegó a convertirse en una muy celebrada experta en asuntos orales, con especial énfasis en recibir lechazos en toda la cara, aunque también dominaba otras disciplinas. Y de la noche a la mañana, como ocurre con muchas en este mundillo, la tierra se la tragó.