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Porno argentino

En materia oficial la primera película porno de la historia es francesa, se rodó en 1908 y se titulaba A L’Ecu d’Or ou la bonne auberge. No hay documentación que respalde esta tesis, pero numerosos expertos en la materia están seguros de que, pese a que aquella producción gala fue la primera pornografía en vídeo oficial y legal, la clandestinidad se adelantó un año y el cortometraje El Sartorio —protagonizado por Satanás en persona— fue en realidad primer el vídeo porno de toda la historia, aparecido en el mercado negro en 1907, si contamos tanto obras legales como ilegales. Así pues, podemos decir que Argentina es, en efecto, la cuna misma del cine porno.

Paradójicamente, mientras que la tradición pornográfica francesa lleva décadas de buena salud, el porno en Argentina no ha tenido el mejor de los acomodos. Quizá su mejor época fue en los años noventa y un pequeño pico entre 2002 y 2004, cuando uno de los grandes de la industria argentina como el pornógrafo Maytland rodó cerca de dos centenares de películas porno argentinas con cierto nivel de éxito a escala interna. Fue con la llegada de internet cuando el porno argentino xxx se vino abajo comercialmente y en la actualidad se estima que solo se estrenan cuatro películas porno argentinas al año en el país, y que las salas x han desaparecido prácticamente incluso de las capitales más cosmopolitas. Lo que ha puesto en jaque a gigantes como el porno americano, en industrias más modestas y con una aceptación social menor como argentina ha significado la muerte material del negocio.

Pero que no sea rentable rodar porno profesional y distribuirlo no quiere decir que la población argentina se haya entregado totalmente al porno de importación. Un país tan versado en las artes amatorias y con una genética femenina privilegiada no podía dejar de lado el mundo del follar filmado, así que es en el ámbito casero donde la república se mantiene muy fuerte. El porno casero argentino es conocido por la expresividad verbal de sus protagonistas, pero sobre todo por la voluptuosidad y belleza inigualable de las mujeres que suelen intervenir en los vídeos pornos argentinos. Por algún motivo probablemente relacionado con el mestizaje y las oleadas migratorias, las argentinas del porno (o porno argentinas) suelen ser esculturales damas de rasgos perfectos y cuerpos armoniosos, alejadas de otros estereotipos sudamericanos mucho más propensos a la hipérbole anatómica.

En la actualidad solo existe el porno argentino gratis, que es en su mayoría porno argentino casero, escenas de películas de otros tiempos económicamente más prósperos o vídeos porno de famosas argentinas (como Florencia Peña, Juanita Viale o Cinthia Fernánez), un fenómeno extendido por todo occidente pero especialmente fructífero en los últimos años. En el recuerdo quedan profesionales que se han visto relegadas por los videos pornos caseros argentinos y obligadas al exilio laboral o a la retirada como son los casos de Alejandra Maderos, Lara Tinelli o la nueva diosa argentina del porno —que trabaja en España y Norteamérica—, Blondie Fesser.

El futuro del porno argentino podría estar, curiosamente, en el reenfoque más social de la pornografía: mujeres como la bonaerense María Riot encarnan las nuevas corrientes de porno feminista donde las producciones no solo sirven para excitarse sexualmente sino también para integrar y romper roles de género enquistados.