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Películas porno

Quizá la mayor demostración antropológica de que el ser humano vive y respira para el sexo es el hecho de que, inmediatamente después de su invención, el cine sirvió para producir porno. Obra de Eugène Pirou y Albert Kirchner, la primera película porno se titulaba Lèar y vio la luz a mediados de la década de 1890. A partir de aquel momento, y precedidas de una larga tradición de fotografía e ilustración pornográfica (esto es, pensadas para estimular sexualmente al espectador, no para expresar ideas o mensajes estéticos, ideológicos o religiosos), las películas porno se convirtieron en el objeto de lujo estrella para nobles y burgueses acaudalados. Ha sido con el paso de los años que la potencia visual e y de algún modo instintiva del porno en movimiento se ha ido filtrando a todos los estratos sociales hasta convertirse en un recurso accesible para cualquiera en forma de películas porno gratis.

Se suele decir que las pelis porno no terminaron de eclosionar hasta la llegada del vídeo doméstico en la década de los setenta. Hasta entonces la mafia había controlado el negocio, con todas las dificultades éticas y sanitarias que ellos conlleva, pero cuando el porno encontró un formato para llegar a cientos de millones de espectadores en la privacidad de sus hogares, la burbuja del porno clandestino estalló y la voracidad del capitalismo se tragó de un mordisco cualquier atisbo de exclusividad. El porno vivió su particular revolución industrial, aparecieron los estudios profesionales con equipos de calidad, las distribuidoras y los vendedores de películas porno perfectamente legales y reguladas. Las actrices porno ganaron en salario y en salubridad, y la fuerza del dinero hizo que el porno se sometiese a las normas para convertirse en un negocio masivo que mueve miles de millones todos los años.

Fue con la llegada de internet que la industria se sacudió y se vio forzada a cambiar su modelo de negocio. Las películas porno gratis fruto de una combinación de piratería, porno amateur sin ánimo de lucro y estrategias de deslealtad corporativa han creado un caldo de cultivo en el que las películas porno online no solo son el porno más consumido sino que ocupan la mayoría del tráfico de todo internet. Si en los setenta el porno había logrado democratizarse a través de los formatos de vídeo doméstico, en la era digital la filtración de porno hacia todas las esferas es mucho mayor aún. Se puede decir que las pelis porno ya no solo son legales sino que, en la práctica, son también públicas. Al menos hasta que alguien descubra cómo poner puertas al campo.

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