Las orgías de la Madre

Fogardo

Por 16 de junio, 2002

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Hacía tiempo que no me divertía tanto. Últimamente, las noches se me estaban empezando a hacer algo aburridas, siempre las mismas fiestas, las mismas orgías, con la misma gente, perfectamente previsibles, y es que cuando repites unas cuantas veces con el mismo grupo al final ya tiene todo el mundo sus preferidos y se pierde la gracia del descontrol y el caos de penes duros y sexos hambrientos y mojados y tetas y sobacos y bocas hambrientas buscando meterse dentro todo eso. Ya me estaba haciendo a la idea de otra sesión de sexo controlado en casa de Fogardo, cuando recibí en el móvil un mensaje de una vieja gloria amiga mía actriz del porno que me invitaba a pasar el fin de semana en un pueblecito de la costa catalana. No me prometía mucha acción pero quizá era eso lo que necesitaba, un poco de desconexión, mar, naturaleza y esas cosas. Mi vieja amiga vino a recogerme a la estación. Al bajar del tren la gorda cachonda todavía no había vuelto a su sitio, me refiero a una que se sentaba delante y que no me quitaba el ojo de encima desde que subió al tren. No hacía más que introducirse una gruesa estilográfica por la boca y por entre las tetas y, muy ocasionalmente, fingía hacer garabatos en una libreta. Al final, me puso caliente y sin decirle nada la agarré de la mano y la arrastré hacia el lavabo. Le pedí su estilográfica, era muy gruesa y de color dorado, empezamos a jugar con ella. La cosa es que al final resultó que no era una estilográfica común y corriente, sino que se trataba de un aparato de defensa personal que provocaba fuertes descargas eléctricas. Vacié toda la batería de ese cacharro dentro de su ano hasta que de tantas sacudidas no quedó ni una sola gota de mierda a lo largo y ancho de sus retorcidos y viscosos intestinos. Como disfrutó la muy marrana, tanto que se quedó desmayada de puro placer con la cabeza metida dentro del váter.

Mi vieja amiga me esperaba en el andén. Había empeorado mucho desde la última vez. ¡Pero si estás preciosa. Eres la misma reencarnación de Divine! – le dije cuando vi que advertía mi estupefacción. Fuimos a cenar al restaurante de unos amigos suyos mariquitas. Durante la cena recordamos las lujuriosas fiestas que nos pegábamos. A Divine le gustaba comer pollas y follar siempre en la postura del misionero. Odiaba ser tradicional, de hecho ese era el único aspecto que mi amiga conservaba de persona normal. Y por aquel tiempo buscaba como una loba desesperada alguien que le diese la vuelta y la follase fuerte a cuatro patas. Pero no se sentía cómoda. Su padre había abusado de ella cuando era pequeña de esa forma y a veces se lo había comentado que le podría venir de ahí, pero se negaba a reconocerlo y yo tampoco insistía. Al fin y al cabo, todos los tíos se morían por follársela y siempre tenía mancebos dispuestos a irse con ella. Y es que Divine tenía un control minucioso y exacto de los músculos de su coño, que utilizaba como una boca para meterse las pollas dentro. Cuando los tíos se iban a correr les apretaba la polla con todas sus fuerzas y en el momento de la corrida los tíos se morían de gusto por la mezcla de dolor y placer que les producía el apretón. A mi por aquel entonces solo me gustaba mirar y tocarme, pero a los tíos que se iban con Divine no les importaba que yo estuviera allí, alguno a veces me proponía participar y se mosqueaba si no lo hacía. Entonces Divine les decía que si no les parecía bien que se podían ir a tomar por culo, y nos reíamos en su cara. Los mariquitas nos invitaron a la cena, pero no nos quedamos a follar con ellos. Nos fuimos a tomar una copa al Palm Beach, la única discoteca del pueblo. Y yo que pensaba disfrutar de un fin de semana tranquilo, mar, naturaleza…

continuará…

Comentarios

  • rainer

    me gustaria participar en una orgia