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Folladas

¡Pongámonos académicos, que con el porno también se pueden aprender cosas! La etimología del vulgarismo follar, referido obviamente a la consecución del acto sexual o coito, proviene del latín “follis”, que se puede traducir como “fuelle”, una voz que se utiliza para referirse al instrumento con el que se solía avivar el fuego de una chimenea a base de soplar. La relación entre ambos conceptos no es nada aparente ni fácil de dilucidar: se debe al bombeo, al jadeo y la respiración acelerada que provocan tanto una actividad como la otra.

En términos puramente pornográficos, las folladas son el pináculo absoluto de la industria y del medio porno en sí mismo. Ni las mamadas ni otras actividades de índole sexual pueden siquiera competir con las imágenes de mujeres follando, el acto de provocación erótica definitivo y total y el punto en el que se separa el erotismo del porno: si se folla de verdad, se trata de porno, y si no, de erotismo.

Las chicas follando, las maduras follando y sobre todo las famosas follando constituyen un foco de interés general que múltiples estudios han podido demostrar empíricamente: el voyeurismo va más allá del aprendizaje visual sobre cómo follar, es una alerta que apela a nuestros instintos más profundos y de la que hay que hacer un esfuerzo consciente para no mirar.