El sexo que nos alimenta

Maribel

Por 34

Yo te comería

Devórame. Cómeme. Chúpame. Lámeme. Muérdeme. Estos sugerentes imperativos no me los lanza un macho atlético lujurioso e implorante, tal y como sería mi deseo, no. Tengo un suculento plato de comida delante de mis ojos que pide a gritos ser comido, y voy a dar buena cuenta de él.

¿Os habíais fijado en que el sexo y la comida comparten el mismo lenguaje, las mismas maneras, las mismas ganas, los mismos sentidos? Seguro que sí. Pero a mí me ha sorprendido. Las mismas manos que te mecen, que te acarician, que te exploran, con las que tú exploras, con las que tocas la piel del otro, son también las que trajinan en la cocina y las que usas para comer. El olfato, el tacto, el gusto, la vista, la boca, los dientes, la lengua, la saliva… Comer con la vista. Tengo hambre de ti. Yo te comería por entero. Eres como la pura miel. Incluso los hay que encuentran el placer más absoluto comiendo y jugando con las heces propias y ajenas. Nada se desperdicia.

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Y todo empezó con una manzana. La que le dió a probar la tentadora Eva a Adán. Y así fuimos expulsados del Paraíso. Y se jodió todo. Nos tuvimos que cubrir la desnudez, la mortalidad con hojas de la vieja parra. Trabajar y parir con dolor. Pero, ah, que nos quiten lo bailao… Polvo eres y al polvo vuelves.

Comer, follar, reír…

La revista italiana de gastronomía Vie del gusto hizo una encuesta recientemente a un centenar de expertos y quedó acreditada la relación existente ente la buena mesa y el sexo, y la calidad de la vida afectiva. Comer y follar son dos grandísimos placeres. Ni el más estoico lo puede negar. Y comer y follar a la vez, o prácticamente a la vez, aún más. Que te lleven el desayuno a la cama como preludio erótico o… lo que hacía mi querida amiga Lorena con su novio Daniel, hoy su marido, antes de tener casa propia. Lorena y Daniel tenían la buena costumbre de ir todos los domingos a un meublé de Castelldefels, una zona de playa muy conocida y cercana a Barcelona, y siempre, siempre, siempre, lloviese o tronase, compraban un pollo a l’ast (asado) y una botella de cava. Lo debían pasar de muerte entre muslo y muslo…

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O tenemos multitud de referentes cinematográficos. Mil imágenes que os deben de estar viniendo a la mente: las famosas escenas con la miel y el hielo de “9 semanas y media” o la erotizante mesa enharinada con Jessica Lange encima, abierta de piernas, cuchillo en mano, entregada a Jack Nicholson en “El cartero siempre llama dos veces”.
La más ingenuas, pero no menos intensas “Como agua para chocolate”, “Deliciosa Martha”, “Fresa y chocolate” o… continuad vosotros la lista, por favor. Los referentes son infinitos.

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O todos esos banquetes y comidas familiares o reuniones de amigos llenos de tensión sexual no resuelta. Chupar un helado, comer un plátano, comer almejas, sorbetes, mientras miras a los ojos del otro… el lenguaje que se confunde de nuevo.
El alimento como afrodisíaco. Marisco. Fresas y champagne. Caviar. Mantequilla. Nata. Miel. Chocolate deshecho. Fondues de queso con pedacitos de pan. Comer con los dedos y chuparlos después. Y el vino que no falte. Dar de beber al otro. Brindar, cruzar o enlazar los brazos mientras se bebe. Y dejarse llevar hasta el final. El alcohol que, tomado en su justa medida, te euforiza, te desinhibe…

Todos deberíamos tener derecho, al menos una vez en la vida, a un viaje en el tiempo para poder asistir a una bacanal romana. ¡Salgamos a la calle a pedirlo!
Mientras eso no llega, siempre nos quedarán las orgías caseras o bien, nuestras fiestas mayores, las fiestas de cada pueblo, la celebración de los solsticios, de la recogida de las cosechas, el día de este santo o de aquél otro. La matanza del cerdo, las bodas, comuniones y bautizos. No tan sofisticado como un viaje al pasado, pero igualmente efectivo… El ciclo de la existencia, de la fertilidad, de la renovación celebrado sin descanso. Así debe ser. Honrar a la vida.

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Comer, follar (o no) y vomitar…

Pero no todo es tan bonito. Y debemos afrontarlo. ¿Qué pasa cuándo no follas? Pasa el tiempo y no follas. ¿Qué pasa cuándo tu vida afectiva y sexual es de una calidad pésima? ¿Qué pasa cuándo te sientes como un errante en un mar de niebla… perdido, desubicado, herido por el desamor? Cuando te puede el pesimismo y sientes que nadie te quiere. Además de desear morir, algunos comen y engordan. Te proteges detrás de los kilos de grasa. O eso crees. O sencillamente, cultivas ciertas conductas destructivas. O en el mejor de los casos, te matas a pajas y tiras hacia delante, que es lo que hacemos la mayoría. Pero no todos soportamos la presión de la misma manera. No todos hemos crecido entre algodones y la vida, a veces, te deja K.O, ni que sea momentáneamente.

La bulimia. Comer por puro aburrimiento. La comida como sustitutivo del sexo o de una vida plena. La adicción a la comida. Eso existe. Se sufre y se pasa mal. Todos conocemos casos de primera mano. Gente desbordada por la ansiedad o el estrés o por mil cosas. Yo misma, sin ir más lejos, las veces que más he engordado ha sido por causa del desamor. Después de que me dejase mi primer novio, al que adoraba, me pasé casi un año entero con una caja de pañuelos a un lado y una bolsa de patatas fritas y un bote de helado al otro. Engordé más de cinco kilos. Como una gallina pularda. Hoy me daría cabezazos por tonta.

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Y mucho más duro, extremadamente más duro: mi bella amiga S., que tenía una figura envidiable, toda una belleza, fue violada hace unos años. Después del trágico suceso, se cortó su preciosa melena y engordó unos 40 kilos o más. Y nunca ha querido adelgazar. Se siente segura, protegida detrás de sus murallas de carne y su pelo corto. No queda apenas nada de la chica que una vez fue. Pero ella está cómoda con su nueva situación, y todos la apoyamos. Su pareja, el que más.

Tiger Woods o Michael Douglas, sin embargo, estarían en otro punto. Los adictos al sexo. Los sex-addicts existen, pero este par de calaveras, mucho me temo que tratan de escurrir el bulto, de eludir su “responsabilidad” de infieles, detrás de un supuesto trastorno. No sé qué pensar. Creo que esto lo dejaremos para otro articulito. Sátiros, ninfómanas, y otros adictos al sexo, ¿no os parece?

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Recuperando la moral, muchachos… ¡Arriba esos cuerpos!

Y ahora, para acabar, os dejo un enlace en el que encontraréis numerosas y deliciosas recetas afrodisíacas y algunos consejos para preparar una velada perfecta como anticipo de un premio mayor. Para elevar, de nuevo, la moral de la tropa, para que podamos seguir honrando el ciclo de la vida. Os deseo que siempre estéis donde queréis estar y nunca ni un paso más allá.

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