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Foto de Met Art

Coños

Ah, los coños. El primer contacto que tenemos al nacer para no dejar de pensar en él el resto de nuestra vida; salir de un sitio para pasarse otros ochenta años (noventa si hay suerte) intentando volver a entrar en él. Los coños son el centro de la fantasía sexual, pero curiosamente no existen parámetros estéticos claros para determinar la belleza o el valor de un coño. No se sabe si es mejor que sean más rosados o más oscuros, coños grandes o pequeños, más pudorosos o más exuberantes.

El coño es un misterio, y también lo es de hecho el origen de su raíz etimológica, el latín cunnus, sin paralelos indoeuropeos.

Las fotos de coños y vídeos de coños son la actualización del clásico El origen del mundo de Gustave Courbet, pero con el porno en Internet se ha perdido un poco el halo místico a base de imágenes de coños abiertos y coños depilados, que en los noventa superaron a los coños peludos dentro de la jerarquía estética social. Más o menos desde 2013, coincidiendo con el feminismo de nueva ola, el coño peludo ha vuelto con fuerza y las nueva generaciones han aprendido a defender y reivindicar las pelambreras.

Al fin y al cabo, comerse un coño es un ejercicio de placer, disfrute y generosidad que es necesario enmarcar literalmente con pelos que digan: “eh, aquí hay algo importante”.